María R.

Me sentía un poco estresada y con una carga mental importante. Las situaciones que se repetían eran que le daba muchas vueltas a temas que no dependían de mí, con mucha autoexigencia y poca concentración en lo realmente importante. Lo afrontaba desde una parte controladora, preocupada por el futuro y con algo de angustia.

He conseguido ver que el pensamiento limitante de “no seré capaz” y la falta de confianza en mí no son reales, sino una parte de mí que se activa para estar alerta. Ahora entiendo que está bien aceptar mis miedos para identificarlos, gestionarlos y poder seguir avanzando. Volver a mi centro me ayuda a tomar mejores decisiones, distinguir qué depende de mí y qué no, y dejar de preocuparme constantemente por anticiparlo todo.

Confío más en mí y en la vida en general. Me siento más tranquila y, aunque a veces vuelven a aparecer inseguridades, ya no me quedo enganchada en esos pensamientos. A nivel emocional me siento más en calma y, a nivel profesional, puedo concentrarme mejor y aprovechar mucho más el tiempo.

El valor diferencial del acompañamiento es que es un proceso corto pero que va al detalle o al foco con lo que necesitas. Y de ti: persona profesional que disfruta con lo que hace y se entrega.