Qué dicen
de mí

Poco a poco, iré recopilando los testimonios a lo largo de varios años, tanto de mis espacios como psicóloga y coach, como de mi colaboración en medios de comunicación, formaciones y retiros.

Testimonios

Berta R.

CEO marca de ropa

Estoy en un momento vital de crecimiento, pero con muchos retos y frenos/límites mentales.

Mi punto de dolor era la comparación constante, que me hacía sentir insuficiente, inferior y desconectada de mi propio valor.

Se repetía un patrón de comparación, sensación de inferioridad y cuestionamiento constante de mi valor. Aunque tuviera capacidades, me costaba reconocerlas y aparecía con fuerza el síndrome del impostor. Esto me llevaba a no ocupar mi lugar plenamente, a minimizarme y a dudar de si realmente merecía estar donde estaba.

Afrontaba estas situaciones desde un estado interno de duda, bucles mentales y malestar.

El objetivo que quería lograr era conectar con mi esencia y con mi valor personal.

A lo largo del proceso he tomado consciencia de que la aprobación y la validación que antes buscaba fuera no eran algo que los demás tuvieran que darme, sino algo que yo necesitaba reconocer dentro de mí. He entendido que sí soy capaz, que todo lo que he conseguido ha sido gracias a mi esfuerzo, mi constancia y mi compromiso conmigo misma. Y, sobre todo, he aprendido a ocupar mi lugar, a dejar de hacerme pequeña y a sostenerme desde mi propio valor, con más confianza y merecimiento.

Aunque siento que todavía me queda camino por recorrer, si miro atrás veo que ya no soy la misma persona que cuando empecé. Antes me costaba encontrar mi centro, confiaba menos en mí y no sabía ocupar mi lugar con seguridad. Hoy siento que sé volver a mí, encontrar mi centro y sostenerme desde ahí. He aprendido a ocupar mi lugar de una forma más consciente y segura, y estoy aprendiendo a valorarme de verdad. Tengo más seguridad en mí misma, más confianza y una relación mucho más sana con mi propio valor.

He entendido que nadie es superior simplemente por parecer más seguro. La seguridad no define el valor de una persona ni su capacidad de liderar. He aprendido que también se puede liderar desde la duda, desde la sensibilidad y desde una forma más humana y auténtica de estar en el mundo. Hoy sé que un liderazgo auténtico, diferente y alineado conmigo también es un gran liderazgo.

También he tomado consciencia de que necesito confiar más en mi intuición y en mi valor personal, sin buscar constantemente referencias fuera. Estoy entendiendo que soy un alma creativa que necesita hacer las cosas a su manera, de una forma más propia y auténtica. Y parte de mi camino está en dejar de compararme, honrar mi diferencia y reconocer que ahí está mi fuerza.

Ahora, cuando noto que mi mente se nubla, entra en bucle o empieza a compararse, me doy cuenta mucho más rápido. En lugar de quedarme atrapada ahí, puedo volver a mi centro con más facilidad, relajarme y salir de ese estado con más consciencia. Eso me permite sostenerme mejor, no dejarme arrastrar tanto por esos pensamientos y seguir adelante desde un lugar más tranquilo y conectado conmigo.

Hoy estoy más en paz.

El valor diferencial del acompañamiento es tu capacidad de saber y decir exactamente lo que la otra persona necesita.

Destaco de ti tu intuición, tu amor y tus palabras, que me han ayudado mucho. Han sido un gran apoyo durante todo este proceso y, hoy, me sirven de ancla para volver a mí y confiar más en mí misma.

Mireia R.

Consultora

Sentía inseguridad y mucha autocrítica, lo que me llevaba al bloqueo. Tenía síndrome del impostor y me sentía insuficiente para sostener y conseguir mis logros y mi situación profesional. Me evaluaba constantemente y me autosaboteaba hasta el punto de bloquearme. Me analizaba de forma permanente y me obligaba a ser de cierta manera, sin aceptar quién soy realmente. Afrontaba todo esto de forma descontrolada, sin hacer nada en concreto, agobiándome y desde una sensación de ser víctima.

A lo largo del proceso he tomado consciencia de que no me aceptaba y de que está bien ser quien soy. He ganado liviandad, las cosas ya no me pesan tanto, y he conectado mucho más con mi esencia, con mi cuerpo y con mi autenticidad.

Si miro atrás, veo un cambio claro: ahora hay más liviandad, más autenticidad y más autoconocimiento. Soy Mire, más auténtica y segura. Pienso distinto: está bien ser quien soy, merezco todo lo que soy y lo que tengo, y quiero disfrutarlo. Voy a dar lo mejor de mí y, si fallo o no soy perfecta, no pasa nada.

Siento más tranquilidad y más felicidad. En mi día a día me permito ser y hacer sin evaluarme constantemente. Esto se traduce en más conexión conmigo misma, más bienestar, mejores relaciones —por ejemplo, en pareja— y, sobre todo, más amor hacia mí.

El valor diferencial del acompañamiento es la capacidad de análisis y llegar a lo profundo. También la ilusión por lo que haces.

Laura F

Empresaria

Tuve la suerte de trabajar con Paula en un momento de gran cambio profesional. Después de toda una trayectoria por cuenta ajena, decidí dejar un empleo estable, en una gran empresa, para emprender mi propio proyecto.

Su acompañamiento fue clave en esa etapa inicial, llena de dudas, miedos e incertidumbre.

Paula aporta una mirada profunda, claridad, una escucha genuina y una gran capacidad para guiar procesos de transformación desde el respeto y la honestidad. Me ayudó a conectar con mi fuerza interna y a tomar decisiones desde un lugar de mayor alineación y liderazgo personal.

Su enfoque está muy trabajado: combina estructura con espacio para la reflexión, e invita a integrar aprendizajes valiosos de forma práctica y duradera.

Recomiendo a Paula sin dudar a cualquier persona que esté en un momento de cambio o que quiera reconectar con su propósito y poder personal.

Núria Roset

Responsable de administración

Rocío E.

Psicóloga experta en autoestima

Al empezar, me costaba incluso recordar con claridad ese punto de dolor, porque han pasado muchas cosas y muchos cambios personales. Pero si vuelvo ahí, el dolor era sentir que no estaba siendo suficiente como psicóloga. Me comparaba constantemente, me sentía infravalorada, insegura en mi rol, y eso me llevaba a mucha autoexigencia, frustración y desgaste.

Las situaciones se repetían una y otra vez: intentaba enfocarme en mi negocio, forzarme a crecer, a hacer más, a rendir más, para poder sentir que lo estaba haciendo bien y que mi valor era suficiente. Pero en realidad no era ahí donde estaba mi valor. Estaba atrapada en el hacer, en la exigencia y en el resultado.

Afrontaba todo esto desde la frustración, la inseguridad y la desconfianza. Era una persona que se valoraba a través del esfuerzo, de la acción constante y de la presión por conseguir resultados.

En ese momento, mi objetivo era poder vivir un negocio coherente conmigo, sin valorarme por los resultados ni por el esfuerzo, y a la vez poder equilibrar mi vida personal y profesional. Quería mantenerme presente en mi vida personal mientras mejoraba mi situación laboral hacia algo con más sentido para mí en esta etapa.

A lo largo del proceso he tomado mucha consciencia de que soy suficiente como psicóloga, incluso cuando algunas situaciones o sesiones me hagan dudarlo. He entendido que el resultado de mis clientes no depende únicamente de mí, y que si no avanzan como esperan no significa que yo sea una mala profesional. He aprendido a separar eso de mi valor personal, que no depende del resultado, sino de quién soy, de cómo acompaño, de lo que aporto y de todo mi recorrido personal y profesional.

También he visto que la exigencia ha sido durante mucho tiempo mi forma de sostener la autoestima, aunque en realidad me estaba desgastando. Y que no necesito esa exigencia para valorarme, porque ahora tengo otras formas más sanas de reconocer mi valor.

He comprendido que no tengo que tenerlo todo claro ya, que todo se construye en el proceso de parar, escucharme, tomar consciencia, decidir y actuar. Y que mis prioridades pueden cambiar sin que eso signifique que lo estoy haciendo mal.

Si miro el proceso completo, he vivido muchos cambios personales. Ahora me encuentro en un lugar de más incertidumbre, pero también de más descubrimiento. He aprendido a sostener las etapas sin tanta urgencia, a escuchar más lo que necesito en cada momento y no solo lo que “toca” o “debería ser”. He aprendido a parar, a fluir más y a aceptar que hay etapas que requieren calma.

Sigo siendo una persona trabajadora, pero con mucha menos exigencia, explorando nuevas formas de hacer las cosas sin tanta presión. Esto no siempre es fácil para mí, pero estoy aprendiendo a no tenerlo todo controlado ni resuelto ya.

Ahora estoy construyendo mi futuro desde otro lugar, escuchando también esta etapa de embarazo, con sus límites, su cansancio y sus necesidades. Parar cuando lo necesito, descansar, permitirme ritmos distintos o “perder el tiempo” cuando lo siento, también ha sido un gran aprendizaje: no tengo que hacerlo todo perfecto.

No quiero vivir esta etapa desde la presión constante o el control, sino desde la calma, el cuidado y la presencia. Me estoy centrando en lo que sí está bien, en lo que puedo hacer y en mantenerme lo más en paz posible conmigo misma.

Hoy pienso distinto: mi negocio es importante, pero no soy yo. Puedo construirlo con calma, sin aferrarme ni depender de él. Entiendo que hay etapas, que ahora necesita cambios y estructura, y que puedo hacerlo sin prisa ni exigencia.

También valoro mucho más mi trabajo: sé que es potente, que ayuda de verdad a las personas que se implican, y me reconecto con todo lo que he recorrido para llegar hasta aquí.

Siento más tranquilidad y coherencia. Ya no estoy tan pendiente de los demás, confío más en mí y en lo que estoy construyendo. Todavía hay momentos de urgencia, pero ahora los reconozco y los puedo redirigir.

Me escucho más, tengo conversaciones internas más honestas y expreso mejor lo que necesito. Hago cosas que antes me daban miedo, me incomodan o me cuestan, pero las hago igual.

Y lo hago desde otro lugar: parando, soltando el piloto automático y conectando más con mi intuición y mis necesidades, en lugar de con la urgencia o la presión.

Hoy tengo más estabilidad, menos presión y más presencia. Estoy encontrando un equilibrio entre la exigencia y la pasividad, aprendiendo a moverme desde el criterio, sin irme a los extremos. Y, sobre todo, estoy aprendiendo a vivir esta etapa desde mí.

El valor diferencial del programa: Tener objetivos durante todo el proceso, tener tu visión en directo, tu seguimiento por chat, las grabaciones y contenido adicional. Todo ayuda mucho a asimilar e integrar en la vida real.

Y el tuyo: Eres una persona que ve más allá de lo que decimos, que puedes darnos una visión distinta, amplia. Me encanta tus visualizaciones, tus conclusiones y sensaciones de lo que comparto contigo. Poner mis palabras en tus palabras también me ayuda mucho a verme desde fuera. Lo que yo te transmito y lo que tú entiendes hace que me de cuenta de más cosas o que la claridad se consiga.

S. (Confidencial)

CEO contabilidad

Al empezar, vivía con inseguridad y con miedo constante a que algo saliera mal. Había un bloqueo recurrente y una sensación profunda de no sentirme merecedora de lo que quería conseguir. Afrontaba las situaciones desde el miedo, con sufrimiento y con mucha carga interna.

A lo largo del acompañamiento fui tomando consciencia de que no soy mis pensamientos ni mis miedos, y de que existen situaciones externas que no definen mi valor. Esto me permitió empezar a salir de ese lugar de bloqueo y empezar a verme de otra forma.

He conseguido darme el merecimiento que necesitaba, y eso ha hecho que aumentara mi facturación, de miedo a no tener ingresos a tener que decir no.

He cambiado mi relación con la culpa y la responsabilidad, que antes eran muy pesadas.

Hoy pienso que soy importante, que me merezco lo que estoy ganando y que no le debo nada a nadie. He recuperado un lugar interno de más seguridad y valor propio.

Ahora me encuentro en un punto diferente al motivo inicial por el que empecé. Pongo límites, me priorizo y doy valor a mi trabajo desde otro lugar. Esto ha hecho que deje de dudar tanto y que me sostenga con más firmeza en lo que soy y en lo que hago.