Vivía entre el miedo y la vergüenza, con una sensación constante de fracaso. Se repetían el agotamiento, la evasión y la procrastinación. Afrontaba estas situaciones aparentando normalidad y alta funcionalidad: por fuera parecía la misma, quizás con menos brillo, pero a nivel funcional daba el pego.
En el fondo, necesitaba recuperar la alegría y sentirme bien conmigo misma. A lo largo del proceso he tomado consciencia de muchas cosas: de mi valor, de mi propósito, de lo que me hace feliz y de lo que proyecto.
Si miro atrás, veo que he puesto en marcha el proceso que necesitaba para volver a recuperar la alegría, la energía, las ganas y la motivación. Me estoy acercando a mi mejor versión. Sé que aún queda camino, pero siento mucha más liberación e ilusión.
Ahora me siento más satisfecha con quien soy. Entiendo mejor el sentido de lo que hago y el porqué. A nivel emocional, hay mucha menos ansiedad, autoexigencia, tristeza, vergüenza y miedo.
Más que solo lo que hago, ha cambiado el cómo: ordeno mi tiempo y mi energía de una forma mucho más coherente conmigo misma. Y, aunque pueda parecer contradictorio, esto se traduce en un mayor y mejor rendimiento. Estoy recuperando mi brillo, mi ambición y mi potencial. Y, sobre todo, soy más feliz.
Destaco del acompañamiento que encaja bien con mi dinámica diaria y me ha proporcionado la flexibilidad que necesitaba en el proceso.
Y de ti, la honradez de asegurarte de que eras la persona adecuada para ello, especialmente teniendo en cuenta que yo trabajo en psicoterapia desde hace años, pero no estaba siendo suficiente en este caso.
