Estoy en un momento vital de crecimiento, pero con muchos retos y frenos/límites mentales.
Mi punto de dolor era la comparación constante, que me hacía sentir insuficiente, inferior y desconectada de mi propio valor.
Se repetía un patrón de comparación, sensación de inferioridad y cuestionamiento constante de mi valor. Aunque tuviera capacidades, me costaba reconocerlas y aparecía con fuerza el síndrome del impostor. Esto me llevaba a no ocupar mi lugar plenamente, a minimizarme y a dudar de si realmente merecía estar donde estaba.
Afrontaba estas situaciones desde un estado interno de duda, bucles mentales y malestar.
El objetivo que quería lograr era conectar con mi esencia y con mi valor personal.
A lo largo del proceso he tomado consciencia de que la aprobación y la validación que antes buscaba fuera no eran algo que los demás tuvieran que darme, sino algo que yo necesitaba reconocer dentro de mí. He entendido que sí soy capaz, que todo lo que he conseguido ha sido gracias a mi esfuerzo, mi constancia y mi compromiso conmigo misma. Y, sobre todo, he aprendido a ocupar mi lugar, a dejar de hacerme pequeña y a sostenerme desde mi propio valor, con más confianza y merecimiento.
Aunque siento que todavía me queda camino por recorrer, si miro atrás veo que ya no soy la misma persona que cuando empecé. Antes me costaba encontrar mi centro, confiaba menos en mí y no sabía ocupar mi lugar con seguridad. Hoy siento que sé volver a mí, encontrar mi centro y sostenerme desde ahí. He aprendido a ocupar mi lugar de una forma más consciente y segura, y estoy aprendiendo a valorarme de verdad. Tengo más seguridad en mí misma, más confianza y una relación mucho más sana con mi propio valor.
He entendido que nadie es superior simplemente por parecer más seguro. La seguridad no define el valor de una persona ni su capacidad de liderar. He aprendido que también se puede liderar desde la duda, desde la sensibilidad y desde una forma más humana y auténtica de estar en el mundo. Hoy sé que un liderazgo auténtico, diferente y alineado conmigo también es un gran liderazgo.
También he tomado consciencia de que necesito confiar más en mi intuición y en mi valor personal, sin buscar constantemente referencias fuera. Estoy entendiendo que soy un alma creativa que necesita hacer las cosas a su manera, de una forma más propia y auténtica. Y parte de mi camino está en dejar de compararme, honrar mi diferencia y reconocer que ahí está mi fuerza.
Ahora, cuando noto que mi mente se nubla, entra en bucle o empieza a compararse, me doy cuenta mucho más rápido. En lugar de quedarme atrapada ahí, puedo volver a mi centro con más facilidad, relajarme y salir de ese estado con más consciencia. Eso me permite sostenerme mejor, no dejarme arrastrar tanto por esos pensamientos y seguir adelante desde un lugar más tranquilo y conectado conmigo.
Hoy estoy más en paz.
El valor diferencial del acompañamiento es tu capacidad de saber y decir exactamente lo que la otra persona necesita.
Destaco de ti tu intuición, tu amor y tus palabras, que me han ayudado mucho. Han sido un gran apoyo durante todo este proceso y, hoy, me sirven de ancla para volver a mí y confiar más en mí misma.
